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Angeles del grito

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angeles del gritoHace ya un tiempo que llevaba escuchando hablar a la gente hablar de ese sitio, murmurar por lo bajo cosas que ya conocía bastante gente, y también había empezado ha escuchar cosas extrañas allí, cosas que no se explicaban para aquel lugar, pues ¿qué misterio había en un simple descampado?

Seguro que pensaréis que parece aburrido pero si no lo leéis nunca lo sabréis.¿Qué decidís? Dicho esto empiezo con mi relato.

Cerca de donde vivo hay un descampado en el que, cuando pasas por las noches al lado de él o entras, se empiezan a escuchar sonidos inexplicables para un terreno de hierba baja con solo cuatro diminutos árboles. Sonidos como leves gritos, el rechinar de una puerta, pisadas… Siempre he intentado alejarme de esas supersticiones, pero esta vez la curiosidad me ganó y decidí investigar el por qué.

He comprobado que no hay nada que pueda traer el eco de otro sitio hasta allí y que ni el suelo ni el viento entre los árboles son capaces de hacer esos ruidos, por lo tanto, para buscar información, pregunté a varias personas que qué creían ellas lo que eran eso sonidos. Me han contado muchísimas historias pero la más coherente y a la vez espeluznante es esta:

Hace unos treinta años en ese terreno había una granja, la cual cerró cuando se empezaron a construir edificios a su alrededor. Aún así no tiraron la granja abajo hasta mucho después. Fue entonces cuando muchos criminales aprovecharon la oportunidad para esconderse ahí dentro, uno fue “el asesino de las tripas”. Cuentan que se dedicó a secuestrar a niños y a matarlos solo por diversión, pero lo peor era que para deshacerse de los cuerpos los metía en una picadora de carne y la vendía como embutidos a las tiendas de la cercanía.

Eso pasó hasta que un día unos niños mellizos llamados Iria y Leir fueron capturados por él. Eran unos niños de unos nueve años con los ojos y el pelo negro que habían pasado por allí cuando iban a la tienda de la esquina. Él era un niño muy nervioso y fuerte y ella era tranquila y muy inteligente.

El asesino los atacó golpeándolos por la espalda. Inconscientes se los llevó y los metió en una jaula de metal junto con más niños que también estaban esperando su turno para morir.

Lo que vieron los dos días que estuvieron allí fue horrible. Ver cómo uno a uno y delante de ellos, sus compañeros morían. Siendo incluso salpicados por la sangre debido a la manera tan atroz con la que mataba “El tripas”. Pero consiguieron, con esfuerzo, romper la cerradura de la jaula con las piedras que había en el suelo.

Por la mañana temprano, cuando aquel horrible hombre dormía, intentaron salir de la granja con toda la prudencia del mundo. Pero, inesperadamente, ese engendro sucio y gordo se había levantado antes de lo normal y se lo encontraron mirándoles con cara de gran enfado. Movido por la ira el asesino fue corriendo hacia ellos para matarlos. Los niños se quedaron paralizados del miedo, y entonces, para sorpresa de todos los dos mellizos salieron corriendo hacia él con la intención de pararle, gritándoles a sus compañeros ‘¡corred y no miréis atrás, escaparos!’

Los niños escaparon y llamaron a la policía la cual atrapó a “El tripas” pero Iria y Leir fueron golpeados hasta la muerte tratando de entretener a este.

Desde entonces dicen que se oyen esos ruidos que en realidad son un resto de los últimos gritos de dolor de estos dos ángeles y los ruidos de los otros niños al escapar. Sonidos que se quedaron gravados por el dolor que llevaban consigo, y que se recuerda en cuanto pones los pies en esa tierra.

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