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No abras la puerta

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puerta oscuraLa historia comienza con Laura que era una joven estudiante que entra a la universidad por su primer año. El primer día le fue todo perfecto en la facultad y todos le acogieron con bastante entusiasmo. Pasaron los meses y llegó la época de exámenes y Laura quería estar tranquila, así que cogió sus cosas y se fue para una pequeña casita en el campo de las afueras de la ciudad. Estaba lloviendo muchísimo y a la noche mientras ella estudiaba tocaron a la puerta y Laura abrió. Era una joven preciosa, de piel blanca y lisa como la porcelana, de ojos verdes, grandes y vistosos y con unos labios carnosos y morados a causa del frío. Sus ropas eran como trapos colgando de su cuerpo, sucios y totalmente empapados a causa de la lluvia. La joven le regaló una tímida sonrisa a Laura y dijo:
– Hola soy Ana, ¿te importaría que estudiásemos juntas?
A lo que Laura contesto que le encantaria estudiar juntas, que incluso así le seria más fácil, pero que primero se tenia que cambiar para no constiparse. Estuvieron estudiando y Laura se quedó dormida. Cuando despertó Ana ya no estaba y ella pensó que ya se hubiera marchado a la universidad.
Durante todo el día no la vio por allá, pero tampoco le dio importancia. Esa noche volvió a pasar lo mismo y así durante muchos días, pero nunca se atrevió a preguntar, parecería grosera. Hasta que un día Ana estaba muy rara durante la noche y a la mañana siguiente desapareció a la madrugada. Laura confusa cuando llegó a la universidad fue derecha al despacho del director. Le contó lo sucedido y el director parecía burlón ante la historia. Después le dijo que se llamaba Ana, pero tampoco le dio la más mínima importancia, hasta que le explicó como era la joven y ahí la cara se le cambió. Fue entonces cuando el director le hizo sentarse y le explicó que Ana fue una joven que murió hace muchísimos años a las afueras de la ciudad y que decían por ahí que su alma seguía vagando por esas zonas, pero que él personalmente no creía en ello y le dijo que no le diera importancia, que serian coincidencias y que no temiera.
Laura ando todo el día preocupada y esa noche cuando tocaron a la puerta, parecía que el corazón se le fuera a escapar del pecho. Abrió, y allí estaba ella, Ana. Laura temblando y asustada le preguntó:
– Ana, ¿tu moriste hace ya muchos años aquí verdad?
Ana le miró fijamente y contesto:
– Podriamos haber sido grandes amigas.
Y desapareció sin dejar rastro. Laura aun cuenta esta historia a todo aquel que se la pregunta, pero la gente no le cree, o no quiere creerle y la encerraron en un manicomio. Pero, ¿será verdad que Ana sigue rondando por ahí?… Mejor no abrir la puerta a cualquiera.

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