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Plata

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Afuera llovía, era de noche, no había luz en mi casa, estaba sola, mis padres y mi hermano habían salido, esperaba a que la luz regresara para continuar con mi tarea, que era bastante. Plas plas el golpeteo de la lluvia parecía casi melódico, me distraería de todo…
De pronto, unas pisadas en el pasillo, se dirigen hacia acá, se detienen y se alejan, me quedo inmóvil, no paran, trato de no emitir ningún sonido, el sonido de las pisadas desaparece. Ding la puerta, la pizza que ordene acaba de llegar, me dispongo a abrir, pagar la pizza y comer una rebanada, no me queda mucha hambre después de escuchar pisadas, pero, de seguro era mi imaginación, no hay nada de que preocuparse.
Busco la linterna, no está donde la deje la última vez, mi hermano debió haberla utilizado para jugar y la dejo en otro lado, ahora hay que buscarla, crac crac escucho crujir el suelo, la linterna rueda hacia mis pies, se ha de haber caído de alguna repisa, no hay nada de que preocuparse, intento encenderlaClic no hay batería, no puedo iluminar con mi celular, también se le acabo la batería.
Un gélido viento recorre mi espalda, corro a buscar ventanas abiertas, nada, puertas, terraza, nada, solamente la puerta principal, la cierro, ¿se habrá metido alguien? No lo creo. Me doy la vuelta, hay algo al otro lado de la habitación, dos pequeños orbes plateados flotan en la obscuridad.
Un rayo ilumina el lugar, eso es una chica, parece tener máximo quince años, su cabello es negro y su piel blanca, se ríe, ¿de que se ríe? Y los orbes plateados, son sus ojos! Se acerca a mi, en la obscuridad sólo logro distinguir sus ojos, se metió cuando deje la puerta abierta? Sus pasos, son los mismos que escuche antes, no se metió cuando abrí la puerta, ella, ya estaba aquí, ¿desde cuando estaba aquí? Sus pasos, ¿ella cambió la linterna de lugar? ¿Ella le saco las baterías?¿ Ella me acerco la linterna? De seguro que si, el piso no cruje, el craqueteo era suyo, o de la linterna? Se sigue acercando, sigue riendo, esa risa… Me volverá loca!
Corro a mi cuarto, tengo miedo, cierro la puerta, ella no entrara, no me hará daño, se irá, si permanezco aquí se irá. El picaporte se gira lentamente desde afuera, no hay nada que pueda hacer ya, intento correr, estoy atorada con algo, no logro ver que, ella entra, su risa suena en la obscuridad, sus ojos, orbes de plata que brillan con luz propia, no me puedo mover, mi cuerpo está paralizado, sólo puedo temblar. Deja de reír, sólo sonríe, se me acerca, en su mano derecha hay un ojo petrificado, ¿por que? En la otra había un brillo metálico, no pude distinguir que. -mira mis ojos, son lo último que verás… Su voz sonaba fría, muerta, como si no hubiera vida detrás de esa piel blanca.
Se inclina hacia mi, el brillo metálico de su mano izquierda se acerca a mi ojo, me clava un cuchillo en el ojo, retira mi ojo, estoy paralizada, no puedo moverme, es tanto el dolor que comienzan a brotar cálidas lágrimas de mi otro ojo, no eran lágrimas, era sangre, el dolor quemaba, y clavó el cuchillo en mi otro ojo, ya no podía llorar, sólo me quedaba la voz, que casi extinta pregunta en medio de la eterna oscuridad:
-¿Quien eres? -sólo llámame Silver, aunque eso no te servirá mucho más… Siento el frío filo del cuchillo en mi garganta, mi pulso se acelera, no puedo más.
El dolor de la piel desgarrada por el cuchillo a través de mi cuello se hace más intenso, mientras siento brotar la sangre cálida de mi garganta. De pronto, nada, no se siente nada, sólo miro la inmensa obscuridad y sus ojos siguen ahí, su risa retumba en todo el plano dimensional, ¿donde estoy? Creo que Silver tenía razón…

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