Hitler y La lanza del destino

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    Cuenta el evangelio de Juan que para comprobar la muerte de Cristo, un soldado romano, Longinus, clavó una lanza en su cuerpo. Inmediatamente comenzó a brotar agua y sangre, lo que fue considerado un milagro.

    Se dice que esta lanza cayó posteriormente en manos de Constantino el grande, quien usando su poder expandió el Imperio Romano, sin conocer jamás la derrota. En los siguientes mil años 45 emperadores utilizaron la lanza, entre ellos Carlomagno y Federico el grande. Ninguno de los 3 mencionados perdió una batalla mientras mantuvo posesión de la lanza. Se decía que Carlomagno nunca dejaba la lanza a mas de 2 metros de su alcance, incluso cuando dormía. Dice la leyenda “quien posea la lanza gobernará el mundo”.

    Richard Wagner el compositor de operas favorito de Hitler también se hace eco del poder de la lanza en la opera “Parsifal”. La lanza es robada por fuerzas del mal y Parsifal debe recuperarla para proteger el futuro del pueblo germánico.

    A comienzos del siglo XX la lanza se hallaba en el Hofburg de Viena, y un joven Adolf Hitler se encontró frente a ella durante una visita guiada. Al recordar el momento decía Hitler que al situarse frente al aparador, entró en una especie de trance. “Gradualmente me di cuenta de una poderosa presencia alrededor de ella, la misma particular y magnífica presencia que había experimentado internamente en esas rararas ocasiones de mi vida en que sentía que un gran destino me aguardaba. Inmediatamente me di cuenta que ese era un momento importante en mi vida, y de todos modos no podía entender como un símbolo cristiano podía haberme causado semejante impacto”.

    En los siguientes años Hitler retornaría frecuentemente al Hofburg a contemplar la lanza, obsesionado por la misma. Cuando Alemania se anexó Austria en 1938, una de las primeras ordenes de Hitler fue pedir que le trajeran la lanza y lo dejaran solo con ella. Su obsesión de reunirse con la lanza del destino se cumplía tras 25 años de espera.

    Nadie puede afirmar a ciencia cierta cierta si la lanza tenía o no poderes, pero lo que sí es un hecho histórico, es que Hitler se suicidó en Berlin un 30 de abril de 1945. El 30 de abril asimismo, en la ciudad de Nuremberg, los Aliados descubrían un bunker secreto donde estaba escondida la lanza y tomaban posesión de la misma.

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